OBJETIVO: HALLOWEEN

El verano murió, y quedó enterrado bajo un túmulo de soles radiantes, días de holganza y noches templadas al son de risas y murmullos de laxo descanso. Y tras quemar esta necesaria etapa del estío y el reposo vacacional, sentimos la necesidad de volver a nuestro normal discurrir de las cosas, esa bendita rutina tantas veces denostada pero, gracias a la cual, los medidos tiempos de ocio y asueto nos complacen con fruitivo gusto sin llegar a empachar. Una rutina que se convierte en un don derramado sobre nosotros cada día si pensamos en el tremendo tropel de contingencias que, en un inopinado instante, nos puede arrojar de nuestro camino y lanzarnos a una tenebrosa senda de tribulación e incertidumbre. Y si esa rutina llega acompañada de calles menos turbulentas, una benéfica serenidad de los ánimos, dorados crepúsculos que invitan a la reflexión y ese indefinible aroma que se enseñorea del ambiente anunciándonos el tranquilo ocaso de la naturaleza, entonces el abrazo de usanzas y hábitos se nos antoja altamente apetecible.

Como apetecible es, para nosotros, el ingreso en esta nueva etapa: la llegada del otoño es heraldo de muertos y seres del inframundo que tienen en Halloween su hito anual de apoteosis festiva, y en El Rey de las Fiestas queremos que esta entrañable grey de espíritus y engendros celebre su fiesta mayor con todo el siniestro alborozo y la pavorosa oscuridad que requieren para sus macabros fines. Ya estamos en marcha, objetivo: Halloween.